La Bella y las Bestias

Antes de comenzar debo confesar que he tratado de escribir este artículo tantas veces como renglones he de escribir. Bueno, tal vez un poco menos… La razón es sencilla, creía en la ideología que hoy en día critico; sólo espero no sea demasiado tarde cambiar lo que hoy considero un peligro, no solo por lo que he de escribir, sino para la democracia de nuestro país.

Si bien la crisis económica es mundial, antes de que se empezara a visualizar internacionalmente, en Colombia ya se veía venir, pues se gestaba “de nuevo” el fenómeno ya conocido por la gran mayoría de nosotros, las pirámides, ó esquemas ponzi que llaman, presuntamente hablando, claro está.

Colombia es un país que si bien puede ser rico, sus riquezas están distribuidas, en gran medida, solo hacía unas contadas familias.

Hace aproximadamente once años un joven, empresario, ambicioso y con un cerebro que para algunos puede ser “la peor mente criminal”, ideó la empresa DMG. Una empresa que no invertía en publicidad, o si, pero de una manera diferente y poco convencional.

Su creador, David Murcia Guzmán, a quien obedece el nombre de su empresa, cambió la manera de pensar de las grandes empresas, pues hoy, hasta quienes empujaron por su captura utilizan este mismo mecanismo de fidelización de clientes.

Quién de nosotros no ha comprado una camisa con el estampado de una marca?, un auto con el emblema de una marca?, una computadora con el sello de una marca?; pues bien, para este señor era inconcebible que el usuario final (el comprador), además de pagar por el artículo, generar ganancias para los creadores y distribuidores, hiciera publicidad gratuita. Y aún más inconcebible que la empresa pagará por publicidad en medios masivos (también con recaudos masivos) enriqueciendo una vez más al rico, todo con el dinero que generaban las ganancias provenientes del dinero del comprador. Una manera muy sutil de dejar que los pobres sigan siendo pobres y los ricos conserven su lugar en esta escala de vida y posicionamiento estratificado actual.

El éxito de este señor se basó en esencialmente en eso, pues le pagaba directamente al comprador por la publicidad. Un ejemplo ayudará en gran medida a entender dicha estrategia.

Doña Alba, seudónimo por razones de seguridad, una señora de 59 años de edad, dueña de una pequeña cafetería contigua a la entrada Barranquilla de la Universidad de Antioquia en la ciudad de Medellín, fue contactada por su familia de Neiva, un pequeño pueblo cerca de la Capital, quienes le comentaron acerca de esta empresa. Doña Alba, como más de cuatrocientas mil familias, al escuchar la noticia y aprovechando que necesitaba un refrigerador para su negocio, acudió al Banco, en dónde gestionó el préstamo por 2´000.000 de pesos, poco menos que U$1000 de los que le aprobaron después de miles de requisitos en los que evidenciaba que no necesitaba el dinero. Lastimosamente el Sistema bancario colombiano es así, el único requisito para que te aprueben un crédito es demostrar que no lo necesitas. Una vez eso. APROBADO.

Doña Alba cogió su dinero, fue a la Sucursal DMG en Neiva y explica “Mire, yo escuche una charla muy larga en la que nos explicaban cómo funcionaba el negocio, yo no le ví nada de malo puesto que políticos también estaban metidos, y ahí, al lado mío había un militar que también iba meter plata… además funcionaba en todo el parque”. Doña Alba cargó una tarjeta por valor de 2’700.000 pesos, unos U$1230. Una vez Doña Alba entregó el dinero, le fueron entregadas un par de tarjetas con ship, una negra y una azul, explica que la azul era para dirigirse al almacén y poder comprar los 2’700.000 en mercancías, esto se podía hacer desde el mismo día en el que se llevaba el dinero; pues el objeto de DMG era comercializar bienes y servicios, no el recaudo de dinero; y la otra, la tarjeta negra era en donde se cargaban puntos, puntos que se liquidarían a los seis meses y sería por concepto de honorarios, cada punto era equivalente a un peso colombiano y podría canjearse o por mercancía o por dinero. Ahora, los honorarios no eran gratuitos, a cada persona se le entregaba un kit de publicidad de la empresa, gorras, llaveros, lapiceros, libretas, volantes, etc. La publicidad estaba a cargo de los mismos clientes de la empresa, y por esta publicidad podían recibir a los seis meses, desde el 30% hasta el 100% del valor de su compra.

Pues bien, Doña Alba pudo cargar su tarjeta y aprovechar el 100% que ofrecía la empresa ese día en cuanto a honorarios. El error de Doña Alba fue haberse tardado tanto en la carga que le fue imposible reclamar su refrigerador ese mismo día.

Pasó la noche llena de ilusiones, tal vez soñando con que por fin iba a tener un refrigerador para su negocio y a los seis meses contar con el dinero completo para pagarle al banco y por qué no, además disfrutar unos cuantos pesos de mas que no le sobrarían pero que le ayudarían a mejorar su calidad de vida en un país donde el salario mínimo está por debajo de los U$240.

Esa misma noche, nuestro señor presidente, el Doctor Álvaro Uribe, en reunión con los Ministros, luego de no encontrar ninguna artimaña legal para intervenir estas empresas, una investigación de un grupo interinstitucional conformado por la Fiscalía, el DAS, la Unidad de Lavado de Activos, entre otras; que no arrojo resultado contundente alguno, decide declarar, una vez más, un estado de emergencia; una vez más pues tan solo había pasado un mes de haberse acabado otro estado de excepción, estado que como su nombre lo dice, es para decretar una emergencia, no para crearla. Y si bien este fenómeno ya llevaba años y se tenían mecanismos legales para controlar y regular este tipo de situaciones, no veo razón para que el ejecutivo usurpe funciones del congreso al dictar decretos con fuerza de ley a su antojo.

Nuestro Señor Presidente, admite que conocía de DMG y su funcionamiento, algo lógico después de que tenían un centro comercial a las afueras de la ciudad de Bogotá, más de 40 oficinas a nivel nacional y uno de los presuntamente mayores aportantes para la recolección de firmas del referendo reeleccionista de Uribe, según Murcia, aportando mas de 5 mil millones de pesos.

Una vez decretado el estado de excepción se dispuso esa misma noche, con decreto firmado a las 0 horas a intervenir inmediatamente la empresa. Un operativo más costoso que la misma operación Jaque, la de la liberación de Ingrid. Se desplazó más del 90% de las fuerzas militares y policivas de todo un país para efectuar el cierre, a hurtadillas, de una empresa, empresa que por más de 7 años benefició a la gente. Según el gobernador del Putumayo, fue ésta quien erradicó los cultivos de coca en esta zona, no el gobierno, como bien lo quiere hacer ver.

Doña Alba, como más de cuatrocientas mil familias se despertó aturdida por la noticia, ya no había nada qué hacer. “La gallina de los huevos de oro se había terminado”, o bien, se estaban preparando los liquidadores y los aliados del gobierno para darse un festín digno de reyes dispuestos a liquidar y comprar, obviamente a través de terceros. El conglomerado de empresas del holding DMG iba desde casa de modas hasta constructora raíz, desde supermercados hasta canal de televisión.

Lo cierto era que, empresas como DMG nunca le habían quedado mal a alguien, nunca se había atrasado en la entrega de sus mercancías o de sus dineros, las investigaciones, según el mismo Fiscal General de La Nación, Dr. Mario Iguarán, hasta un día antes de ser intervenida no había arrojado pruebas.

Cabría preguntarse entonces ¿Por qué Uribe cerró estás empresas?. La respuesta cada vez va tomando matices, espero que al finalizar la lectura, usted mismo pueda responderla.

En un país en que familias contadas con los dedos de las manos son las dueñas del mismo; un empresario de estrato uno no podía sumarse a la lista de accionistas de Colombia, y mucho menos cuando su riqueza amenazaba al más grande banquero colombiano, Luis Carlos Sarmiento Angulo, dueño del grupo aval, un “pequeño conglomerado” de bancos (irónicamente hablando) que le financia a Uribe el Proyecto de Seguridad Democrática, política por la que hoy día goza de tan alta popularidad.

En un periodo de crisis como comenzaba a acentuarse en Colombia a finales del 2009, el sector bancario no podía quedarse de manos cruzadas viendo cómo todos “sus” millones se desaparecían, ya fuera por lo que conocemos de la crisis internacional o por qué estaban dejando de percibir mas de 3 billones de pesos, unos U$1500 millones, provenientes de los colombianos.

Esta razón fue la que impulso a nuestro gobierno a ser diligente, obvio, ahora los afectados no eran los pobres, no era el pueblo, eran sus amigos, sus compañeros de cuna, justo y precisamente quienes financiaban sus políticas. Dicha operación merecía el uso de todo un show, en el que se desconocieron derechos fundamentales contemplados en la Constitución Política. Derecho al debido proceso, derecho a la presunción de inocencia, derecho a la libre empresa, derecho al trabajo y un sinfín de derechos que fueron vulnerados. Ahhh, que pesar me daba cuando escuchaba al Presidente, sus Ministros y al General Naranjo hablando de “la peor mente criminal” que habían conocido. Donde quedó la presunción de inocencia Sr. Presidente?, dónde quedó el debido proceso General Naranjo?. Por Dios, que daño a las Instituciones.

Hoy, pasados ya más de cinco meses después del cierre arbitrario de la empresa, Doña Alba aún camina entre las muchas marchas que se siguen haciendo para que les devuelvan la empresa. Cuando no está en su modesto negocio haciendo cuentas para ver cómo hace para pagar la cuota del préstamo que hizo en el Banco para un refrigerador que nunca pudo disfrutar.

Como ella hay más de 400 mil familias, no afectadas por una PRESUNTA pirámide Sr Presidente, creo que debería ampliar su vocablo y entender el significado de esa palabra, sino afectadas por un gobierno que sencillamente tenía que hacer respetar las jerarquías del juego. Juego en el que la única regla que vale no es la constitución ni la ley, es el pobre más pobre, el rico más rico.

Pinguino Alto – Abril 2009

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